La Banana Mecánica

En 1904, el escritor estadounidense O. Henry lanzó la expresión “república bananera”. Ésta se refería a Honduras, país en el que el escritor se refugió tras ser acusado de malversación de fondos en Austin, Texas; utilizando el término “república” como eufemismo de una dictadura servil a los intereses de la oligarquía agricultura de plantación y monocultivo de plátanos, favoreciendo a los intereses de la United Fruit Company.

Cincuenta y ocho años más tarde, el escritor británico Anthony Burguess lanzó su novela más reconocida “La Naranja Mecánica”, la cual sería inmortalizada por la versión cinematográfica dirigida por Stanley Kubrick. Su título, según el autor, deviene de la expresión “tan raro como naranja de relojería”, aludiendo a las prácticas pavlovianas realizadas al protagonista Alex DeLarge, que forjaban sus comportamientos a partir de estímulos sensoriales, coartando su libre albedrío y así neutralizando su maldad.

América Latina hoy, podría resultar ser la síntesis de las obras de Henry y Burguess al ser llamada “La Banana Mecánica”: un continente que experimenta una gran debilidad institucional, dirigido por gobiernos que favorecen los intereses de grandes multinacionales y de las oligarquías transnacionales, agricultoras y lobbys financieros; los cuales neutralizan su accionar internacional multilateral a partir de un realinamiento con los intereses de los Estados Unidos en el medio de la guerra comercial con China y el advenimiento de Rusia en la región. 

La política neoconservadora estadounidense para América Latina se apoya en los gobiernos neoliberales que han ascendido a partir de 2015 a la fecha. Con la asunción de Donald Trump en 2017, se aplicó una política exterior de mayor rigidez a fin de frenar el avance chino y ruso en la región. De esta forma se articuló el acercamiento de dichos gobiernos a Washington, con la triangulación de poder con los intereses israelitas en la región, conformando el Grupo Lima y el Prosur como organismos multilaterales de corte neoconservador, en detrimento de la Unasur. Su fin: desideologizar la región, tornándola “pragmática”, con el fantasma de la crisis de Venezuela presente. 

Las recientes elecciones primarias en Argentina supusieron el teatro de lo absurdo en cuanto a diplomacia significa. Los drugos neoconservadores de la región –  Iván Duque, Jair Bolsonaro y Juan Guaidó – interviniendo en la contienda electoral fueron la apología a la torpeza diplomática. Esto en el contexto de un contundente triunfo de Alberto Fernández , con un 47,7% de los votos y con una diferencia del 15% con el actual presidente Macri, que obtuvo el 32,08%. 

Sin embargo, los drugos no son los únicos que han tenido sus ojos en el escenario electoral argentino. Ellos solo fueron interlocutores de otros poderes superiores. Estos son: el “drugo mayor”, Donald Trump; el Fondo Monetario Internacional, el gobierno de Netanyahu. Mientras que Vladimir Putin y Xi Jinping aparecen también como grandes interesados en esta elección. 

Pero ¿Por qué es esto? ¿Qué intereses hay? ¿Acaso esta elección es populismo vs. república? ¿El fantasma de Venezuela? No, eso es lo que se busca instalar, esto es más complejo. Eso es un delirio místico de Carrió, esto es otra cosa. Veamos caso por caso. 

Colombia: Iván, el terrible Duque Cafetero

Con el ascenso de la derecha neoconservadora latinoamericana, al eje bolivariano de Venezuela-Brasil-Argentina y el UNASUR como organismo regional integracionista, se le dio lugar al eje Colombia-Brasil-Chile y al Prosur como organismo regional “desidiologizado”. Esto último, en otras palabras quiere decir, ser todo lo contrario a lo que era el anterior organismo, estableciendo antagonismos y posicionándolo como “el mal”, “la corrupción”, “el peligro comunista”, “amenaza a la república”, etc. 

La Colombia del Duque cafetero continuó la tradición de aliado de Estados Unidos, luego del hiato del ex presidente Santos, quien mantuvo una posición más equidistante con respecto a Washington. Con el apoyo de sectores evangélicos, capitales financieros, sectores agro industriales y medios de comunicación, Iván Duque retomó la senda del uribismo en Colombia y así su ligación con Estados Unidos. Colombia funcionó como base de operaciones para la injerencia de ayuda humanitaria a Venezuela, reflejando así el peso específico de Bogotá como aliado militar en la región latinoamericana.

El drugo colombiano se pronunció a favor de Macri, y hasta inclusive lo visitó para mostrar su apoyo. Con la irrupción de Fernández como candidato presidencial, y virtual futuro presidente – un rol casi sui generis – el Duque Cafetero giró su posición hacia un apoyo menos explícito, de cara a las elecciones argentinas, a Mauricio Macri. Queda la incógnita de cómo actuará Bogotá ante un eventual gobierno de Fernández, luego de ser catalogado casi como una “neovenezuela” o un “neochavismo”. Aunque Duque no es el drugo más duro, sino el que viene a continuación.

Brasil: el circo del Capitán Maluco 

La lucha contra el comunismo fue el latiguillo de campaña de Bolsonaro, cimentado en el sentimiento antipetista existente en la sociedad brasileña a causa del estallido del escándalo de corrupción del Petrolão y Lava Jato y la caída de Dilma Rousseff. Con el emporio de las fakes news, whatsapp y redes sociales, Bolsonaro instaló que el comunismo (materializado en el Partido de los Trabajadores) y todo los dirigentes asociados al régimen chavista (Dilma, Lula, CFK etc), eran una amenaza para la región. Una vez más, instalar el miedo del efecto Venezuela para la manipulación de la población. 

Del drugo Capitán Maluco ya hemos hablado en otra ocasión. Su afán de desideologizar la política exterior brasileña esconde el realineamiento a Estados Unidos, frenando el avance chino en la región…cayendo así en la ideologización de la misma. De locos, pero posible. No es fácil, es real. 

En su circo tropical donde vuelan tiros, biblias y agrotóxicos, dispara que “Argentina se está hundiendo en el caos”; “Argentina sigue el rumbo de Venezuela”; “Rio Grande do Sul se convertirá en el nuevo Roraima por la futura oleada de refugiados argentinos similar a la que recibe Brasil por parte de Venezuela”. Si bien ya ha traído conflictos dentro de su gabinete por su verborragia electoral en tiempos donde debe gobernar, Bolsonaro comete un error gravísimo que es la intromisión en la contienda electoral de un vecino – y socio comercial – como es Argentina. 

Sin embargo, lo que quita al sueño al drugo tropical es el acuerdo Mercosur-Unión Europea. El Itamaraty – cancillería brasileña – supone que una eventual presidencia de Fernández, podría trabar la aprobación del parlamento argentino del dicho, al mismo tiempo de pedir una renegociación. Por su parte, el viraje de Argentina hacia el área Pacífico, repercutiría negativamente a la economía brasileña, dado que es su tercer principal socio comercial. De hecho hoy el ministro de economía brasileño, Paulo Guedes, afirmó que en caso de que Argentina opte por una postura proteccionista en cuanto a la apertura comercial del bloque, Brasil saldría del mismo, presionando así más al virtual gobierno entrante. Un gesto que tensiona la relación bilateral a instancias de un posible cambio de gobierno.

Un gobierno de les Fernandez saldría del esquema de política exterior de los últimos años de CFK, para adoptar una posición pragmática en cuanto tres cuestiones: la cuestión Venezuela (lo que tendrá que ver mucho el próximo drugo); la relación con Estados Unidos (especialmente en el contexto de la guerra comercial con China) y, por consiguiente, la relación con el Fondo Monetario Internacional.

Venezuela: un presidente tira currículum para gobernar un país

No hay mucho para decir para presentar al drugo Guaidó. En Enero de este año se presentó como el mesías de la libertad venezolana, y luego de la torpeza estratégica y diplomática del Grupo Lima y Estados Unidos, su figura sufrió un fuerte desgaste. Ni una gira al estilo rockstar para legitimarse como presidente interino valió lo suficiente para derrocar al régimen de Maduro. 

Como era esperable, el drugo vinotinto apoyó fuertemente a Macri de cara a su reelección, sustentando el discurso de Cambiemos de que “una vuelta de Cristina Kirchner al poder sería ir a ‘ser Venezuela’”. Apelando a su anterior vínculo con el chavismo. Sin embargo, detrás de ello está un interés estratégico, que es que Guaidó precisa sostenerse como figura opositora legitimándose a nivel regional, y una derrota de Macri y ascenso de Fernández supondría perder un valioso aliado. Especialmente cuando Fernández sostuvo que su posición hacia la situación venezolana seguiría la línea de López Obrador de abrir canales de diálogo, como así también afectaría a la integración del Grupo Lima como foro representativo de la tendencia política regional vigente. 

Sin embargo, el drugo vinotinto no fue el único que alimentó la tensión. También lo hizo el número 2 de Nicolás Maduro Diosdado Cabello, esta vez del bando contrario, al asegurar que “no se defraude al pueblo” luego de que Fernández catalogara al régimen de autoritario.

Epílogo: nadie esperaba a Fernández

El ascenso de la fórmula de Alberto-Cristina Fernández en este contexto regional supone una serie de incógnitas en cuanto a su política exterior. Aún con una situación regional desfavorable – en comparación a la existente diez años atrás – un hipotético gobierno de Alberto apelaría al pragmatismo diplomático a fin de: reestructurar la deuda externa con el FMI contraída durante el gobierno de Macri y fomentar la apertura comercial en el contexto de la guerra comercial sino estadounidense. 

La vuelta del peronismo herbívoro quebraría el esquema neoconservador regional. Dos jugadores que no hemos hablado, China y Rusia, ven con buenos ojos el cambio de gobierno argentino, especialmente por la idea de fomentar el corredor bioceánico para fomentar el comercio pacífico. Al mismo tiempo que Argentina podría fortalecer la posición de México y Uruguay como actores dialoguistas para la cuestión venezolana, contraponiéndose a la posición más dura representada por Colombia, Brasil y Chile, orquestada por Washington. Como así también fortalecería a Bolivia en el concierto regional, ante una reelección de Evo Morales. 

No parece fácil el sinuoso camino de Fernández en el plano exterior, con el condimento de que la ex presidenta – virtual futura vice presidenta, y hoy candidata – promete ser una figura activa en giras internacionales representando al gobierno nacional, en aquellas que el presidente no asista. Sin embargo, ese pragmatismo no resulta extraño si lo contextualizamos con la necesidad ante los desafíos que esperan al gobierno entrante. 

Los drugos no piensan – ni actúan – como presidentes, sino que actúan como una contienda electoral permanente. En su afán de desear la reelección de Macri, perdieron el criterio diplomático incurriendo en los asuntos interiores argentinos. Lo que es seguro es que a los drugos no les interesa la legalidad, y está elección ha traído más incertidumbres que certezas. Todos se fijaron en las encuestas, pero lo seguro, es que nadie esperaba a Fernández. 

 

Escribe – Politólogo Ignacio Dangelo

Ilustra – Jorge Chacoma

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