Fede en el país de las maravillas.

Cuestiones preliminares 

Estas son algunas percepciones después de dos meses con Instagram. No voy a decir nada nuevo, seguramente ya escuchaste o pensaste alguna de estas cuestiones en algún momento; pero a veces está bueno que nos digan lo obvio con otras palabras. 

Intro

Las redes sociales nos hacen seguir llenando (ahí va el chivo) Queremos Problemas de reflexiones cotidianas acerca de este nuevo estilo de vida, el cual vamos entendiendo al tiempo que lo transitamos, como el tutorial de un juego (ojalá un gallego en YouTube explicara cómo vivir). Es lógico, las redes son ese gran juguete nuevo que gran parte de la humanidad utiliza y redescubre todos los días, como en su momento fueron las radionovelas o las sitcoms y realities. 

Como a muchos les debe haber pasado, abrí mi perfil en parte por la curiosidad de explorar esta herramienta digital, pero mayormente porque había todo un mundo paralelo que alcanzaba a todos mis entornos, el cual no llegaba a vislumbrar desde mi obsoleta plataforma de Facebook. Solamente llegaban sombras, al modo de la caverna (porque meter a Platón siempre garpa). Me estaba quedando afuera de decenas de sucesos, memes, primicias, stories y discusiones de lo más variopintas (Si, variopinto. Back to 1910)

La cosa seria

La principal percepción que tuve en este tiempo, sobre todo en Instagram, es que no hay forma de escapar a la lógica de consumo que hace tan masiva a la plataforma. Más allá de las publicidades, síntoma lógico, se puede afirmar que la gran virtud de esta y muchas otras redes es la (esto es lo importante) transformación del ocio consumista en ocio productivo. Ya no consumimos pasivamente aquellos contenidos generados desde una matriz, sino que también generamos el propio en un proceso de retroalimentación. 

Potter y Heath hablaban de que la sociedad de consumo no es conformista, sino que su misma inconformidad, motivada por la voluntad de distinguirse del resto de la masa, es lo que alimenta el consumo. Y esa lógica es la que destaca en las redes. No solamente consumimos el contenido, sino que a su vez lo generamos buscando ser atractivos para distintos públicos (como un mercado, vió). Esa aprobación es la principal ganancia, la cual, como una suerte de inversión, puede ampliar el espectro de usuarios a los que llegar.

Emprendedores (de sí mismos)

Esta producción de contenido es una especie de mercantilización del ámbito privado, que puede generar o no rédito económico. No es raro entonces que habilidades como el multitasking tengan una gran importancia, dado que cada usuario es su propio fotógrafo, editor, relaciones públicas, publicista, mánager y productor. (Ahí va el cliché) en esta lógica, es que el usuario atiende al mandato de producción de la sociedad posmoderna, a la eficiencia en el uso del tiempo productivo, y no pudiendo generar bienes de manera exógena, es que se pone a sí mismo en la lógica de intercambio.

En síntesis (¿alguien más piensa en Santo Biasatti cuando lee en síntesis?)

Resumiendo, el secreto de las redes, y creo que de Instagram o Snapchat en particular, es que el usuario puede ocupar su tiempo de ocio en producir para el intercambio. Sea un meme, un estado o una foto, estos intangibles no escapan a la lógica de consumo, que se vuelve binaria por ser un consumo activo orientado a la retroalimentación.

 

Escribe Federico Peruzzato

Ilustra Lucas Martinez

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