El fuego de Brujxs de Chiclana: primera parte

En esta entrevista amiguera con Pablo Eder, volamos sobre la historia de Brujxs de Chiclana, el lenguaje de señas y los tambores de los Kohinoor. También nos cuenta sobre cómo la percusión lo hace volver a ese lugar de preguntas fundamentales y a los fuegos primitivos.  

Brujxs de Chiclana es un ensamble de percusión con lenguaje de señas. Está conformado por: Martina Juárez, Lucas Iemos Frich, Matías Blanco, Brenda Vera, Florencia Stopani, Nicolás Cabiati, Rodrigo Damico, Mariano Benítez, Picu Vitral, Damián Arrizabalaga, Lucho Feijoo, Marcos Lagna, Quique Amicolo, Juan Ignacio García, Maximiliano Aliberti, Nicolás Pueblas, Pablo Bianchetto, Juan Manuel Argüello, Maximiliano (Tito) Cassano Ghio y, nuestro entrevistado, Pablo Eder.  

Un mes y dos fechas como invitades: el 19 de junio en Guajira junto a Chanas y, a fin de mes, en otra vuelta del Encuentro de Acordeonistas. Prevista una fecha a confirmar y una insistencia urgente sobre la segunda edición del Festival Retumbo, que el año pasado reunió en La Plata a músicos del palo de la percusión, luthiers y otros artistas.

 

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Pregunta inicial, Pablo ¿cómo nacen los Brujos de Chiclana?

Los que arrancamos con Brujos… somos de la costa, de San Clemente del Tuyú, amigos del pueblo que después vinimos a estudiar a La Plata. Nos empezamos a juntar a joder en una pieza, como hacés con amigos cuando compartís un mate o una birra. Varios manijas a nivel musical empezamos a, por ejemplo, ponernos a tocar una gaceta (que es un tamborcito chico que se usa en las comparsas brasileras o entrerrianas), otro agarraba y tocaba un bidón dado vuelta que sonaba como una especie de grave… como un bombo; otro tocaba un huevito que tenía semillitas adentro y marcaba el acompañamiento, y de ahí surgieron los primeros cortes, por ejemplo… Pero sin ninguna proyección más allá de eso que estaba pasando ahí en la pieza que era jugar a hacer sonidos con la percusión, más allá o más acá del conocimiento musical, la percu y el ritmo siempre fue una inquietud.

Después pasó un tiempo y hubo un quiebre cuando uno de los chicos compró una batería usada que en ese momento salió 500 pesos… La cuestión es que la batería es un instrumento en donde se sienta una persona y toca; tiene determinada cantidad de cuerpos: mínimo, hay un bombo, un redoblante, un tono y un platillo (ponele) ¿qué hicimos nosotros en ese momento? Desarmamos la batería y en el lugar donde tocaba una persona pasamos a tocar cuatro. Ahora leyéndolo desde una óptica humana estuvo muy bueno, pero la realidad es que en ese momento era lo que había y así podíamos tocar todos. Así que la desarmamos y Lucho agarró el bombo, Damito agarró el redoblante y a la vez, él, como es un constructor y un artista increíble y tenemos la suerte de que esté con nosotros, se hizo un repique con la parte de adentro de un Kohinoor (de un secarropas… ), hizo los aros, compramos un parche ¡y resultó que sonaba y suena increíble! Porque es acero inoxidable y tiene un rebote increíble. Y bueno, Mariano tocaba el repique y yo tocaba el chapitero, así le decimos nosotros. Consistía en una especie de “u” en una planchuela de metal de 10cm con un alambre en el medio, con varias chapitas cóncavas de birra un poco estiraditas que aplaudían… y así fue que arrancamos con Brujos de Chiclana.

¿Qué estilos de música tocan?

Es loco decir qué tipo de música hacemos porque es toda una definición, estamos todos muy chipeados en nuestros conceptos, en nuestras formas de ver el mundo y en eso también está lo que entendemos por música. Nosotros hacemos ritmos rioplatenses, un poco de samba, de samba reggae, bien brasilero… fuimos arrancando por eso. Candombe, que es uruguayo, y después se fueron abriendo un montón de otras cosas con la investigación misma. Nosotros hacemos percusión con lenguaje de señas en donde pasamos por una rumba y podemos pasar por ritmos africanos; estamos pasando unos toques bien senegaleses… Está el candombe, la cumbia, el cuarteto y también hay una experimentación, porque hemos hecho una base tecno incorporando un sintetizador y quedó una base bien tecno con una simpleza de tambores… Ahí corrés un poco a los tambores de su lugar sacralizado.

Tenemos a uno de los integrantes que siempre se ocupó de la parte melódica: flauta traversa, que nos permitió hacer pasajes medios celtas, y el saxo que nos dejó hacer cumbia. Son esos horizontes que nos va creando nuestra cabeza sostenida por un ensamble rítmico de tambores, que pueden ser tambores de candombe, tambores africanos o tambores construidos por nosotros mismos… El año pasado hicimos un show donde hacíamos una intro con instrumentos reciclados. Por eso digo, es un ensamble de percusión pero que no se cierra solo en eso y que trata de conducir a través del ritmo lo que va apareciendo.

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¿Cuándo se dieron cuenta de lo que les estaba pasando como grupo?

Nos dimos cuenta de lo que estaba pasando como grupo cuando juntarnos empezó a hacerse algo lindo durante la semana. Nos juntábamos en el Bosque de La Plata, allá en el Partenón, donde en ese momento había unas parrillas que después las sacaron y nosotros a la noche íbamos ahí, hacíamos un fuego, tomábamos un vino… Nos convocamos ahí en el bosque que era un lugar en donde habitábamos el fuego. Estar ahí en compañía del fuego lo convirtió en un espacio primitivo y eso nos lo daba el ensayo semanal que teníamos. Después nos fuimos dando cuenta nosotros mismos que lo que hacíamos nos gustaba y sentíamos una vibra piola. En esos primeros momentos Mariano dirigía con un silbato porque era el único que tenía conocimientos musicales… entonces parecíamos delfines. Después, un día un compañero de uno de los chicos nos escuchó y nos invitó a una joda que estaba organizando y la gente estaba prendida fuego con las cosas que nosotros estábamos ensayando, así que, ¿viste?, nos fueron invitando a lugares y nos dimos cuenta que con lo poco que teníamos podíamos generar cosas en otras personas… Y que la percusión tiene esa riqueza que permite acceder mucho más fácil al goce. No hace falta tener determinado conocimiento o profundidad de escalas o de ciertos valores técnicos como para poder apreciarlo y gozar, ¿no? Sentís el tambor, el bombo te pega en el pecho, las chapas te marcan subdivisiones… y eso lo hace algo muy impregnante. Se te impregna enseguida.

¿Cómo surge el nombre de la banda y cómo fue el pasaje de Brujos de Chiclana a Brujxs de Chiclana?

Cuando nos empezaron a invitar a tocar decían: “bueno, ¿a quién estamos invitando?” Y en ese momento yo estaba leyendo sobre los brujos de Chiclana en un libro de Dolina. Me pareció interesante el nombre; lo propuse y a los pibes les gustó. Porque, además, nosotros nos juntábamos en el bosque, en lo oscuro, y hacíamos fuego y los tambores no llevaban a un lugar medio primitivo. Me acuerdo que había un ritmo que le decíamos el sacacorchos porque era: saca-tuntun, saca-tuntun, y quedó… nos movíamos así medio místicos para los costados, ¿viste? tenía ese misticismo todo. La percu nos permite ir hacia adentro, volver hacia un lugar de preguntas fundamentales y conducirlas a través del ritmo está buenísimo. Y, bueno, quedó Brujos de Chiclana.

Pero las cosas se fueron transformando, fuimos un grupo que siempre fue creciendo en número y hace un año llegamos a ser 17. Hoy, algunos se fueron de viaje, otres encararon otros proyectos y hoy en día estamos siendo once. Pero, bueno, va variando en número y con eso van variando las propuestas. Al principio éramos Brujos de Chiclana sin ningún cuestionamiento al respecto porque éramos cuatro varones y eso fue en el 2012, o sea, todavía no había irrumpido Ni una menos (que fue en el 2013), ni tampoco nosotros éramos mujeres, entonces esos planteos no los teníamos… y para nosotros era bastante nueva esa discusión. Por lo menos no tenía la fuerza que tuvo un año después y los posteriores y, en donde terminamos siendo mitad de varones y mitad de mujeres, de pibes y pibas. Entonces empezamos a ver cómo nos interpelaba lo social, así como somos seres sociales y un ensamble que se enriquece de los aportes individuales en función de un colectivo, surgía el planteo que ya Brujos de Chiclana no representaba, y por ahí estuvo bueno que alguno de los pibes vio que ya bastantes privilegios había y lo pusimos en cuestión. Y, sí, la verdad es que fue un tema, necesitábamos un proceso hacía cada une para después llevarlo a lo grupal, y, bueno, terminó siendo les (Brujes) Brujxs de Chiclana.

Imágenes facilitadas por Brujxs de chiclana.

Esta es una primera parte de la entrevista.
Para leer la segunda parte click aquí.

Escribe Carla Duimovich

 

 

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