Calentamiento global: democratizando las culpas.

El día 5 de junio es el Día Mundial del Medio Ambiente sancionado por Naciones Unidas. El encuentro de ayer llevado a cabo en China se centró en la contaminación del aire y si decimos contaminación en el aire, decimos cambio climático, decimos calentamiento global.

¿Quienes? ¿Desde cuándo? ¿En dónde?

Sin lugar a dudas, el hombre fue y es el principal causante del cambio climático y el calentamiento global, y de las distorsiones que se han generado en el medio ambiente en los últimos años. Sin embargo, para analizar este fenómeno desde un punto de vista político (del poder), es necesario hacer un pequeño recorrido por los países y actores que más emanan gases de efecto invernadero, como así también observar desde cuando se inició este proceso, para intentar comprender algunas de sus causas profundas.

El desarrollo industrial de los países del norte y las altas emisiones comenzaron a fines del siglo XIX (es decir, en el período de post revolución industrial) aunque no fue hasta 1988 que se llegó a records vergonzosos poniendo en alerta al mundo de las consecuencias que conllevan los gases de invernadero y su impacto directo en nuestro ecosistema.

Así también, es escandalosa la diferencia entre quienes emiten más y quienes emiten menos CO2 a la atmósfera; el top ten no tiene ningún país latinoamericano ni africano. Incluso, al menos hasta el 2015 (antes de la política energética de Trump, quien se retiró el 1 de junio del 2017 del Acuerdo de París), China y EE.UU eran responsables del 43.85% de las emanaciones de CO2 totales del globo. Podríamos arriesgarnos a decir que en la actualidad la responsabilidad de EE.UU es mucho mayor a la del 2015.

Esto derivó en que la agenda global continúe ampliándose más allá de los temas tradicionales que siempre formaron parte de ella, como las guerras o las disputas económicas. Incluso uno de los actores centrales que se ha encargado de mantener el calentamiento global en la agenda transnacional ha sido el Papa Francisco, quien desde el inicio de su pontificado en el 2013 y con la publicación de su encíclica Laudato si’ sobre el cuidado de nuestra casa  en el 2015 se ha mostrado preocupado en mantener esta problemática como principal en la agenda internacional.

Pero ¿qué son los gases de efecto invernadero (GEI)?

Los gases de efecto invernadero, actúan como una manta que rodea la Tierra, atrapando la energía en la atmósfera y provocando el calentamiento de la misma. Los principales GEI, son de origen natural. Sin embargo, la acumulación progresiva de los gases (producto de las actividades y emisiones humanas) afecta el clima en la Tierra y genera impactos en que pondrán en riesgo los suministros de agua, la agricultura, los sistemas de transporte y energía, el medio ambiente natural y hasta la salud y la seguridad.

El tiempo de vida de los gases de efecto invernadero más importantes es superior a 100 años. Esto implica que en el caso hipotético de que las emisiones antrópicas (cualquier acción o intervención humana) se redujeran a cero, la atmósfera continuaría con concentraciones superiores al período pre-industrial durante largas décadas.

Sin embargo, como en todo sistema político (y de disputa del poder), existen una serie de actores, públicos y privados, que no sólo son conscientes de este diagnóstico, sino que también buscan obtener beneficios con la especulación de las legislaciones y protocolos establecidos en cuanto al cuidado del clima y el medio ambiente. Es así, que la lucha por el cambio climático, se convierte en una lucha primeramente política.

En un sistema donde la riqueza tiende a centralizarse cada día, también se centralizan las responsabilidades sociales por las emisiones de gases de efecto invernadero que amenazan con la existencia de la vida humana. Según el Instituto Tecnológico de Zurich, existe un núcleo de unas 147 empresas (con participaciones entrelazadas entre ellas) que controlan el 40% de la riqueza del sistema. Si el número de empresas se eleva a 737, el control asciende al 82%. Y el reciente estudio realizado por “Carbon Majors” reveló que de ellas, sólo 90 empresas son los responsables del 60% de las emisiones que provocan el calentamiento global.

El punto anterior refiere sólo a categorías y responsabilidades dentro del ámbito privado. Si se analizan las mismas variables en términos históricos y estatales, se observa que durante el período 1850-2011, EE.UU., junto a China, la Unión Europea, Rusia, Japón y la India, fueron los responsables de cerca del 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero, quedando el 20%  de emisiones para los 180 países restantes.

Es así, que se establece una relación directa e innegable entre los centros de riqueza y producción, y las responsabilidades frente al cambio climático y la emisión de gases. Sin embargo, quienes son portadores de esta responsabilidad, en muchas ocasiones han utilizado la retórica discursiva y su posición de poder y control, para evadir todo tipo de compromiso frente al tema en cuestión.

¿Una fábula?

Estas alarmas encendidas iniciaron políticas eco friendly por parte del norte para sus Estados y en organismos internacionales presionando con la opinión pública transnacionalizada a los Estados que se resistan al modo de combatirla ¿por qué al modo de combatirla? Resulta que los países centrales se encargaron de contaminar por más de un siglo y medio al mundo entero, pero ahora que estamos en crisis democratizan las culpas.

En el año 2018 Alemania se jactó de poder cubrir todas las necesidades energéticas alemanas el 1 de Mayo (un feriado internacional) con energías renovables. Mientras RWE, empresa energética alemana, es responsable del 0.5% de las emanaciones globales, mucho más que varios países juntos. En el año 2015 el peruano Saúl Luciano Lliuya demandó a RWE por su contribución al calentamiento global, calentamiento global que afecta a hielos glaciales que circundan su poblado de aproximadamente 6000 personas y más de 100.000 en la ciudad de Huaraz.

Esta demanda fue denegada en su primer instancia pero luego fue recogida por otro tribunal alemán e inició el proceso jurídico, calculan que Lliuya debe recolectar pruebas con un costo aproximado de 20.000 euros.

Lo tuyo es tuyo y lo mío es mío.

La problemática medioambiental nos afecta a todos porque afecta al planeta. Es un fenómeno global que exige una respuesta global. Sin embargo, sus efectos no se distribuirán entre los hegemones, sino que lo sufrirán las poblaciones más pobres y de mayor vulnerabilidad.

Han existido –y aún existen- empresas y Estados que financiaron su desarrollo industrial a costas del deterioro del medio ambiente, comprometiendo la supervivencia de las generaciones futuras. A esto es lo que llamamos la democratización de culpas: actores que individualmente han garantizado su centralidad en el sistema político internacional generando daños irreversibles en el medio ambiente, y hoy día buscan hacer responsables a la humanidad en su conjunto de sus penosas acciones.

Quizás no podamos determinar con precisión el influjo final que el clima tendrá a lo largo del siglo XX. Tampoco podemos determinar con exactitud cuánto cambiará el clima del planeta.
Pero todo parece indicar que el presente siglo asistirá a transformaciones importantes en el medio ambiente que afectarán la vida humana..

Escriben Camilo Cappellano y Darío Varas

Ilustra Lucas Martinez

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