Cuatro discos de Mayo: dos de allá y dos de acá

En esta edición extendida traemos cuatro reseñas breves sobre cuatro álbumes lanzados el mismo día, el pasado viernes 17 de mayo. Abordamos dos producciones estadounidenses  de rap y dos discos nacionales que podríamos encasillar dentro de la amplia categoría de pop/rock. Los dejamos con los textos y con la promesa de volver recargados con un podcast bajo el brazo.

Vote for Igor

Tyler The Creator -IGOR

Columbia

El controversial personaje estadounidense Tyler The Creator lanzó su nuevo disco ya sin demasiada pretensión genérica abriendo con un sintetizador que enturbia las cosas hasta que la primera batería entra como Fernández-Fernández un sábado a la mañana. Desde este momento  que bastante claro que este muchacho ya no sólo hace rap.

A lo largo de este LP, que de a ratos parece un beattape, despliega su excentricidad combinando sonidos de sus primeras épocas, más crudos y duros, con  acordes y temáticas más románticas que parecen venir de su disco previo (Flower Boy). Esto último se escucha sobre todo las últimas canciones ¿acaso dedicadas al mismo muchacho que ya lo tenía enamorado en su disco de 2017?.

El albúm está enteramente producido por Tyler, pero acompañado de algunos grandes nombres como invitadxs, con la particularidad de que estxs se encuentran en roles y momentos totalmente distintos a aquellos por lo que se les reconoce. Así, Kanye West, Solange Knowles, Jack White y otrxs, colaboran en el álbum pero escondidos en la mezcla, aportando lo justo para colaborar a este disco que aunque cueste percibirlo, surge de un corazón roto.

La música nos va a salvar

Lucy Patané – Lucy Patané

Aunque es una increíble guitarrista, Lucy Patané se coloca en el rol de compositora y multiinstrumentista para su ópera prima como solista, trabajada durante aproximadamente 2 años, lo cual no fue en vano.

Aunque durante la primera escucha el disco pareció una montaña rusa, las escuchas permitieron asomar algunas constantes que son los fuertes de este álbum.

La primer constante que podemos notar concierne a la calidad sonora. El laburo de tanto tiempo no fue en vano ni azaroso. Más allá de los gustos subjetivos y personales, la calidad sonora de este material se destaca en un circuito (independiente, under, autogestivo, cómo se le quiera llamar) que en los últimos años ha sabido poner la vara bastante alta.

Otro de los elementos que muta a través del álbum es la intensidad. Trasladándose de lo sonoro a lo poético, de lo explícito a lo más emocional, el disco está lleno de una fuerza multiforme. Esto se escucha en lo crudo en las guitarras más rockeras y en cierta fuerza física en las baterías (alcanzando un pico en “Cinturón” con 3 baterías en simultáneo), además, aún en las canciones más tranquilas podemos sentir la intensidad poética en las voces que conducen las historias.

Por último las emociones. Parecerá obvio que en la música hay emociones, pero acá no estamos tratando con un disco simple en ningún sentido, ya que los sentimientos que habitan estas músicas presentan una gran variedad de complejidades

Antes de que pasen a oirlo, no podemos pasar por alto la instrumentación del disco, podríamos mencionar que va desde guitarra de 18 cuerdas hasta clavicordio (exagerando, y mucho) pero creo que mejor lxs lectorxs pueden aprovechar la escucha en Youtube para chusmear los créditos de grabación y producción del mismo (recomendamos que revisen también si cumpliría el cupo femenino si este aplicara a producciones discográficas).

Peligro, sitio en construcción

Injury Reserve – Injury Reserve

Loma Vista

El nombre de esta banda quizás no le suene a la mayoría, y con razón. A pesar de venir sonando hace unos tres o cuatro años en ciertos círculos, Injury Reserve es un nombre desconocido para el gran público y quizás siga siéndolo  por un tiempo más, o para siempre. Este trío formado por Ritchie With a T, Steppa J. Groggs y el productor Parker Cory hace rap, es cierto, pero lo hacen de las tantas maneras que su época y la historia del género les permiten.

El rap a lo largo de su historia parece tener una obsesión con su pasado que se suele combinar con la intención de innovar. Es decir,  está con un pie entre la tradición y otro en la ruptura. Entonces, ¿qué pasa con este disco? ¿que elementos clásicos o clichés del género aparecen?

En Injury Reserve nos encontramos con temáticas típicas y efectivas, es decir que vamos a escuchar a dos tipo hablando de cómo llegaron a donde están, tributando sus influencias musicales, así como a sus familias y amistades. También vamos a escuchar a Groggs y Ritchie haciendo referencias a  equipos y jugadores de básquet, películas, autos y ropa. Otro elemento clásico de los álbumes de rap son lxs invitadxs y acá no faltan: encontramos un desfiles de figuras entre ascendentes y establecidas como DRAM, Rico Nasty, JPEGMAFIA y Aminé, quienes aportan sus fortalezas para brindar matices a las composiciones de Injury Reserve.

Entonces es un disco de rap, se entiende, pero así como reflexionamos sobre lo ya visto y esperable en un trabajo de este género vale la pena preguntarse ¿qué rupturas o características distintivas encontramos?  Se puede aventurar que el principal punto donde este disco se separa del resto es en los beats y en la producción. Parker Cory no se cansa de brindarle beats distintos a sus compañeros de grupo y a los oyentes. A veces son  desafiantes y llenos de ruido, a veces melódicos y otras veces cálidos y clásicos, hechos con fragmentos de décadas pasadas. Y otras veces, como en Rap Song Tutorial, forman parte de una crítica personal a la producción estandarizada en géneros como el trap.  

De esta manera, incluso en los momentos más calmos y sentidos, donde los clichés del género se transforman en historias personales e íntimas, cualquier elemento puede ser intervenido y  distorsionado. Así, Injury Reserve nos hace saber que hoy más que nunca, ningún movimiento que se haga es tan predecible y que a pesar de la repetición constante de ciertas estructuras, el límite puede ser corrido las veces que se quiera.

Como Irio por su casa

Juan Irio – Baladí

Pontaco

En estos años de constante ruido y bombardeo de información, la experiencia que proponen aquellas canciones hechas con una voz y piano o guitarra parece no ser de las más elegidas. A pesar de esto, el efecto de este tipo de composiciones parece seguir intacto si uno se introduce en su propuesta. En una visión más bien romántica del asunto, una canción que nos atrapa como oyentes tiene efectos poderosos ya que puede hacernos dirigirle la poca atención que nos queda o lograr la calidez de un abrazo. En Baladí, el músico platense Juan Irio se pone manos (y voz) a la obra y nos ofrece no solo una de estas canciones, sino seis.

Sí quién me lee se rasca la cabeza (igual que yo lo hice) al leer el título del disco y teclea “Baladí” en Google, se encontrará con esta primera definición: “Que es de poca sustancia o importancia”. Interesante acepción del término, que me hace pensar que este corto disco puede llegar a  pasar desapercibido, pero si hay algo que parece no faltarle, es sustancia.

Según lo que se sabe de Baladí vía redes sociales y plataformas digitales, el nombre de Juan “Baro” Latrubesse es clave para entender lo que se escucha. Si bien es el cantante quien aporta las canciones, algunas guardadas hace cerca de veinte años, los arreglos propuestos por el joven Latrubesse están llenos de detalles que visten de manera delicada y meticulosa las composiciones. Así, algunos de los temas comienzan como si estuviéramos  escuchando a Irio cantando en la intimidad de su casa o acompañado por Baro al piano hasta que aparecen distintas orquestaciones que proyectan la música hacia espacios más amplios, hechizo que desaparece tan rápido como llegó y nos hace volver a ese ambiente inicial.

En la tapa del álbum vemos a Juan Irio camuflado entre hojas y flores naranjas, como si fuera el patio de su casa, pero a la vez desempolvando un traje que no suele usar y que le sienta bien. Como muchas de las cosas más importantes o que más nos movilizan, Baladí se mueve lento, en aquello poco visible de los gestos y logra ser llamativo y cálido sin grandes despliegues o fuegos artificiales.

 

Escriben Ignacio Besson y Pablo Garro

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