Los tres cines de Yorgos Lanthimos

A propósito de su última película The Favourite

Yorgos Lanthimos construyó su Acrópolis cinematográfica como hubo de hacerlo su compatriota Pericles en la reconstrucción de Atenas. Nos mostró un cine que, desde sus comienzos, hizo mover esquemas e insinuarse al inconsciente. Forma parte de la historia de la incomodidad, que no solo insiste en movilizarnos acariciando nuestros sentidos o nuestras vivencias, sino que pretende sacudirnos desde adentro para afuera o por el contrario, inmovilizarnos del todo: nuestras reacciones son el alimento de Yorgos.

La idea de Acrópolis nos habla del área más alta y sagrada de una civilización, donde en la antigüedad confluían el culto al arte y los comienzos de la democracia. Pero también se la define como “ciudad de los vivos” y es aquí que, desde las alturas, observamos a los que viven, determinados por la condición humana. Desde sus dos primeros largos, Kynódontas (Canino, 2009) y Alps (Alpes, 2011), Yorgos nos impulsó a pensar a la condición humana desde el lenguaje como instituyente de realidades sociales y, en ambas, el peso de la institución familiar, la búsqueda del superhombre y el morbo aplicado a cosas dentro del cajón de las que “no se hablan” y “no se tocan”.
Particularmente en Alpes, la burla a la muerte es otro factor latente e incisivo que no repara en comodidades. Dos películas con una estética particular, lentas y expectantes, que se tornan irresistibles para los curiosos pero que, claramente, no serán del agrado de mucha gente, pues, tanto su narrativa como su guión, no forman parte de las destinadas a la “gran” audiencia. Sin embargo, sus siguientes películas, The Lobster (La Langosta, 2015) y The Killing of a Sacred Deer (El sacrificio del ciervo sagrado, 2017), incursionaron en la apertura de Yorgos a las grandes salas, incorporando a su elenco personalidades de la talla de Farrell, Weisz, Kidman, y Seydoux, con guiones igual de retorcidos pero intervenidos por una estética muy diferente a Canino y Alpes, aunque algo de la narrativa del primer Yorgos prevalece en ambos films. Estas últimas profundizan la condición humana desde la manipulación del inconsciente de los grandes poderes (concretos o metafísicos), la necesidad de libertad (podríamos decir arriesgadamente: pulsión de libertad) y la reacción frente a lo desconocido. Ya habiéndonos acostumbrado a realidades distópicas, el ateniense logra abrirse paso a la industria de una manera refinada y elegante, llenándonos de problemas psicológicos que siempre fueron nuestros pero que aún no lo sabíamos. Nos grita: ¡esto también somos – hagan algo con eso – salgan de la caverna!

La película, The favourite (La Favorita, 2018), es su última gran puesta estética dentro de su carismático y multifacético cine. Nos trae la última etapa de la biografía de Ana de Gran Bretaña (Reina de Inglaterra, Escocia e Irlanda desde 1702 hasta 1707; y Reina de Gran Bretaña e Irlanda 1707 hasta 1714), recreando al máximo un ambiente barroco con guiños modernos. Yorgos rompe con el talante clásico de las películas de época y nos llena de planos grandes angulares y contrapicados representando situaciones grotescas y ridículas, prueba de una aristocracia extravagante y estúpida. Con algunos pasajes anacrónicos propios de su insistencia por descolocarnos, el cineasta contradice perfectamente cada propuesta y, en este sentido, nos confunde, nos hace pensar ingenuamente como niños: ¿es buena o es mala? ¿la ama o no la ama? ¿es tonta o se hace? ¿está bien o está mal? Y, en verdad, Yorgos nos hace formularnos preguntas contradictorias pero, sin embargo, nos deja tirados en otro lado, uno que está más allá de la contradicción en la que habitamos: la vida misma, la bondad y la maldad, la idea de poder habitando la condición humana, viéndonos absurdos ante el invento moral que nos hemos creado. Producida por  Fox Searchlight Pictures, La Favorita ya cuenta con  varios premios a nivel mundial y 11 nominaciones a los oscarcitos de este 2019.
Excelentes actuaciones de las protagonistas Rachel Weisz, Emma Stone y Olivia Colman que profanan el ápice de la aristocracia del siglo XVIII.

Escribe Carla Duimovich

Ilustra Lucas Martínez

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