La felicidad y la tragedia del Lazzaro

Lazzaro Felice es una leyenda onírica que atraviesa al tiempo ignorándolo. Es bello y es triste, puro y bestial. El tercer largometraje de Alice Rohrwacher, ganadora del Premio al Mejor Guión en el Festival de Cannes 2018, nos empapa de sensaciones divinas propias de quien se relaciona con lo verdadero y lo devela. Desde la vida en una campiña italiana hasta los suburbios de las grandes urbes, todos los paisajes en Lazzaro Felice despabilan la idea de que la condición humana es la que continúa los patrones opresivos de ricos sobre pobres desde tiempos feudales hasta la actualidad.

Al comienzo de la película creemos vivir un tiempo histórico propuesto por la estética de los personajes, los intereses, las tecnologías y el entorno que exige sacrificios. Una estampa de la vida feudal que expone las costumbres campesinas del aislamiento en el campo, el analfabetismo conviviendo con la ignorancia y las necesidades. Todo parece corresponderse a ese estado de las cosas, hasta que los dueños de las tierras (y de los campesinos) se hacen presentes en la Villa y el hijo de la Marquesa (Nicoletta Braschi), Tancredi (Luca Chikovani), usa un celular. Al momento de esta escena otras cosas ya nos habían hablado de que no estamos parados en aquella época de opresión terrateniente: los maletines, los autos y los trajes. Sin embargo, necesitábamos más seguridades; unas que en definitiva tampoco logran convencernos del todo, pues este es un film que nos embriaga de realismo mágico, nos seduce, nos quita el habla. Un film que trae consigo retratos de la pintura clásica, escenas referentes del primer neorrealismo Italiano identificables y renovadas y, por si fuera poco, una gran revelación actoral como la de Adriano Tardiolo (Lazzaro) que nos recuerda a Timothée Chalamet en Call me by your name (2017),  Adèle Exarchopoulos en La Vie d’Adèle (2013) o a  Lorenzo Ferro en El Ángel (2018). Otro rol a destacar es el de la actriz Alba Rohrwacher, hermana de la directora de Lazzaro Felice y ganadora de varios premios internacionales, vista últimamente en Perfetti Sconosciuti, de Paolo Genovese (2016).

No es casual que el protagonista se llame Lazzaro. Nos lleva, quizás, a la resurrección del Lázaro de la Biblia; de hecho, existe una escena que es explícitamente este suceso, acaso también con la representación de una fuerza maligna que se aleja. Su nombre puede, incluso,  remitirnos a la parábola del rico epulón y el pobre Lázaro en el Evangelio de Lucas, ambos casos relacionables con el protagonista. El film está cargado de simbolismos líricos dirigidos de un modo brillante en Super 16 mm, con el peso sensible de la conciencia de clase. Una crítica al sistema opresivo que la historia y los hombres perpetuamos desde antiguos tiempos, antes como terratenientes y esclavos, hoy como banqueros y trabajadores.

Lazzaro Felice es una propuesta que sigue la línea de un nuevo cine mundial, que resignifica aquellas cosas que amamos de las antiguas olas revolucionarias de la cinematografía. También nos humaniza y nos conecta con sensaciones de las cuales nunca deberíamos habernos alejado: la bondad, la solidaridad, la humildad y el amor. Sin duda, resulta una de las mejores propuestas que nos dejó el 2018.

 

Escribre Carla Duimovich

Ilustra Lucas Martinez

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