Love apps: síntoma de los tiempos actuales

De todas las aplicaciones que existen, las love apps (Tinder, Happn, Grindr, Badoo, 3nder, Hater, Sapio, Seeking Arrangement, Pure, etc) son un producto de los tiempos modernos que mejor sirven para pensar las nuevas formas de interacción social, por sobre todo porque revelan la naturaleza y las características de la nueva estructura social que el capitalismo conformó.

Buscando un poco de información sobre el impacto de las redes y apps en los vínculos sexo-afectivos me encontré con Infobae citando una investigación de la American Psychological Association que establecía una correlación entre usuarios de Tinder y un bajo nivel de autoestima, claramente vendido con un título amarillista en dónde se acentuaba uno de los prejuicios sociales que existe sobre este tipo de aplicaciones. Esta nota me dejó pensando en las características de nuestra época: Hoy reina el predominio de la imagen por sobre la palabra, el corte en el lazo social que se busca subsanar con una hiperconexión tecnológica y la idea de satisfacción-gratificación inmediata e ilimitada alentada por el consumismo propio de estos tiempos.

En el mismo informe se destaca que no se puede probar que Tinder es el causal de la baja autoestima, sin embargo es interesante analizar que todas las apps de citas (no sólo Tinder) en mayor o menor medida están configuradas como un catálogo de personas. Como en todo ámbito del paradigma actual el mercado del deseo es competitivo y  las apps cumplen con el objetivo de incluir y hacer circular a los individuos dentro de este mercado, dónde adquieren valor o capital erótico. Nos convertimos en productos a la vez que clientes, podemos seleccionar la cantidad de personas que queramos para definirnos por una, varias o al final ninguna. Incluso en apps como “adopta un chico” (tiene app en android y página) tenemos día de morenos, rubios, barbudos, etc. a la carta.

El individuo contemporáneo pasa de ser sujeto a ser un objeto de consumo que es medido bajo la vara de los estereotipos de belleza hegemónicos que reinan en nuestra cotidianeidad. A diferencia del cara a cara, donde podemos observar las múltiples facetas de las personas que las vuelven atractivas o no más allá lo superficial o físico, en las apps predomina la imagen y hay poco lugar para la expresión, incluso chateando con tu match los aspectos no verbales que son muy importantes en la interacción, sobre todo si de seducción hablamos, no figuran. Sólo podemos elegir mediante lo que el otro muestra de sí mismo (siempre su mejor versión) y lo que la app filtra.

Como sujetos sociales que somos, nuestra “idea de yo” y autopercepción se fundó y se funda en la idea que otros (significativos y no) tienen de nosotros mismos, si nos encontramos en una plataforma buscando pareja (para lo que sea), ubicados en un supermercado virtual dónde se puede decidir entre múltiples match “esto sí, esto no” cuando nadie te elige ¿Hay autoestima que aguante? He visto hasta gente muy segura de sí misma (o que al menos lo aparentan) preguntarse si está haciendo algo mal, si no “sabe venderse” y es que emerge toda una cultura de marketing para gustar a los otros. Por contraste cuando tenés muchos match tu autoestima se eleva y tal como pasa en las redes sociales notar que le agradamos a otro se vuelve adictivo, es un mimo al ego y no es loco pensarlo así, porque a diferencia de las redes sociales donde tu fin no necesariamente es tener likes, en estas apps estás literalmente buscando gustarle al otro.

Otro fenómeno emerge con la idiosincrasia on-demand: la configuración entre el deseo y satisfacción se acortó, cualquier deseo puede tornarse en demanda de un objeto que lleva la ilusión de la satisfacción en una gratificación inmediata (apps como Pure donde tenés una hora para el encuentro con el match porque la app lo elimina y donde explícitamente se busca sexo, son el mejor ejemplo de esto).

Honestamente, cuando leí este informe de Infobae no pensé que las apps fueran culpables de nuestros problemas de autoestima, por el contrario más bien me pregunté si puede existir alguien realmente con buena autoestima en una sociedad en la que si demostrás la mínima cuota de amor propio te tilda de narcisista. Constantemente el mercado nos inventa fallas y productos que mágicamente las resuelven para que taponemos la angustia que generan con objetos de consumo. Vivimos en una sociedad que con mensajes new age intenta elevar el estima que el consumismo capitalista lapida, Tinder y las love apps reflejan una realidad que las excede pero que se vuelve explícita en sus plataformas.

No sé cuál es la solución para nuestras estimas lastimadas, pero tal vez venga de la mano de dejar de comparar nuestra figura con la de otros, tratando de llegar a un estereotipo imposible y poner en un pedestal la aceptación ajena para dejar de comprar productos y empezar a descubrirnos como humanos.

Nota Infobae

Estudio original

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Escribió Florencia Gonzalez

Gráfica de Lucas Martínez

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