Brasil: Bolsonaro y las FAKE NEWS

En los últimos años las fake news, noticias e informaciones falsas, distorsionadas o sacadas de su contexto original, han ganado relevancia en el escenario político mundial. Aunque difamar adversarios, mentir sobre sus propuestas e intenciones y buscar confundir y engañar la población por medio de factos de veracidad dudosa no sea una práctica nueva en la política, este tema se volvió recurrente y ganó nueva fuerza como arma en las campañas, tras la última elección presidencial en Estados Unidos, pues según especialistas, fue uno de los principales factores que llevaron Donald Trump a la Casa Blanca.

Casi exactamente dos años después de la victoria de Trump, fue posible ver cómo esas tácticas evolucionaron en el tiempo y pueden haber desempeñado un papel todavía más importante, ahora en las elecciones de Brasil. Son muchas las sospechas, indicios y acciones que nos llevan a creer que las fake news fueron fundamentales para el triunfo de Jair Bolsonaro, un outsider, aunque lleva casi 30 años como diputado federal (nacional). Buscaremos comprender cómo se dio la planificación, organización y divulgación de estas informaciones y cómo pueden haber beneficiado a Bolsonaro.

Las bases para crear o cambiar las noticias y fomentarlas en la sociedad fueron Twitter, Facebook, y, principalmente, WhatsApp. A través de la producción de memes y notas cortas y objetivas, se logró ganar la atención de una parte importante de la población, influenciarla y hacer con que un porcentaje considerable de estos mensajes se convirtiesen en temas de discusión en muchos niveles, inclusive en las publicidades electorales y en los debates presidenciales. El equipo de Bolsonaro se jactó siempre por la gran adhesión voluntaria de personas a su campaña, en diversos niveles y distintas funciones, lo que según ellos llegó a índices inéditos, e indiscutiblemente tuvo un papel considerable para su éxito. Se hizo uso de robots virtuales para impulsar todo tipo de contenido en la campaña por parte de casi todos los trece candidatos presidenciales.

Mientras algunos rumores fueron alimentados durante toda la campaña, como el que decía que Fernando Haddad, cuando fuera ministro de la Educación, había creado y distribuido en las escuelas públicas un “kit gay” para la enseñanza de “ideología de género”, otros salieron a la luz en momentos clave, como el que decía que Haddad habría una vez violado a una niña de 11 años, que apareció entre el viernes y el sábado anteriores al domingo en que se realizó la segunda vuelta (28/10). Como casi todas las historias que surgieron de esa manera durante la campaña, estas dos son falsas.

Estas acciones tuvieron como blancos principales adolescentes entre 16 (edad mínima para votar) y 20 años y personas con más de 45, 50 años. Además, los grupos familiares y religiosos fueron los preferidos para diseminar los mensajes, que llevaban contenido tradicionalista, en contra del movimientos negro, LGBT y feminista; de  inmigración – especialmente de islámicos, venezolanos y haitianos -; de pueblos originarios; políticas sociales; Derechos Humanos, sociales y laboristas. También se buscó criminalizar a los movimientos sociales y se lanzaron ataques al modelo de enseñanza instituido en Brasil, que acusan de ser un ambiente de “adoctrinamiento izquierdista”, con destaque para las universidades públicas, y los docentes como un todo fueron puestos como enemigos de los que se autodenominan “ciudadanos de bien”.

Aún sobre cuestiones ideológicas, fueron alimentadas una serie de teorías conspirativas, como la que dice que el Foro de São Paulo es una organización de partidos y movimientos de izquierda que busca implantar el socialismo en América Latina, con el apoyo de Cuba, Venezuela y China. Otros rumores acusaban a diversos políticos y personalidades cercanas al PT, partidos aliados y a Fernando Haddad de involucrarlos en actos de corrupción, acciones criminales y conductas de ética y moral dudosa.

La religión fue quizás el principal pilar para la construcción de la narrativa y su éxito. Los protestantes, en especial los neopentecostales, fueron la punta de lanza, con pastores utilizando sus iglesias y su influencia para direccionar los votos de los feligreses. El ala conservadora del catolicismo, aún no sostenga el mismo poder que en décadas pasadas, también hizo aportes significativos. Otros grupos religiosos también colaboraron, como espíritas kardecistas y la comunidad judía sufrió divisiones muy profundas. Las religiones afro-brasileñas fueron una excepción, donde las fake news no prosperaron tanto.

Conforme datos de agencias de chequeo de información Aos Fatos y Lupa, hasta el 26 de octubre habían 123 noticias falsas, de las cuales 104 beneficiaron de algún modo a Bolsonaro. Según Trending Botics, portal de monitoreo de la actividad de robots virtuales en las elecciones, el presidente electo de Brasil fue el candidato más mencionado por ese tipo de cuentas en Twitter. Fueron identificados más de 170.000 robots que produjeron casi 6 millones de tweets de un total de más de 157.500.000 analizados. Laura Chinchilla, jefa de la misión de observación electoral de la Organización de los Estados Americanos (OEA) afirmó que las fake news en las elecciones brasileñas alcanzaron un nivel nunca antes visto, mucho en función del uso de WhatsApp para compartirlas, lo que dificultó acciones para contener la práctica.

Con base en denuncias del diario Folha de São Paulo sobre uso de mecanismos ilegales de campaña por empresarios ligados a Jair Bolsonaro, la Justicia Electoral pasó a investigar el caso y el 19 de octubre, nueve días antes del balotaje, WhatsApp derrumbó a centenas de millares de cuentas, una de ellas, la de Flávio Bolsonaro, hijo de Bolsonaro, que actualmente es diputado estadual (provincial) en Río de Janeiro y fue elegido senador. Coincidencia o no, el período de mayor crecimiento electoral de Haddad tuvo inicio exactamente después de lo ocurrido.

La pregunta que muchos se hicieron en los últimos meses y todavía más en las últimas semanas, fue: ¿Cómo la sociedad pudo creer en estos rumores? La respuesta para eso quizás sea más sencilla de lo que uno suele imaginar. La verdad es que en la actualidad, en un escenario de descreencia en el sistema político, sus instituciones y sus representantes, algo que no es exclusivo de Brasil, la gente tiende a buscar soluciones inmediatistas, que les parecen fáciles y no se preocupan por la verdad, sino en confirmar sus creencias, ideales y deseos. Es un fenómeno que trasciende clases sociales, niveles de educación, tipos de formación o espectros políticos. Hoy, el ciudadano medio, está más preocupado en encontrar personas y hechos que reafirman lo que piensa que en averiguar la procedencia y veracidad del contenido que le llega. Lo demás es secundario, para no decir irrelevante.

Es muy claro que Bolsonaro fue el gran beneficiado por la difusión de fake news en las elecciones, no sólo por su victoria, sino por las conquistas de escaños en la Cámara de Diputados y en el Senado por dos de sus hijos, los triunfos de varios candidatos a gobernadores aliados y el crecimiento impresionante de su partido, el PSL, que se convirtió en la segunda fuerza política más importante en el Congreso Nacional, detrás solamente del PT. Sin embargo, eso no quiere decir que crear y compartir mensajes de contenido falso o sospechoso sea una práctica exclusiva de la derecha conservadora y la extrema-derecha. Lo que se puede observar es que tanto en 2016, en EE.UU., como ahora en Brasil, la izquierda, el centro y la centroderecha no saben usar ese arma con la misma destreza y tampoco supieron leer al tablero y elaborar una estrategia con tácticas eficaces para contraatacar la ofensiva de mentiras neoconservadoras. Lo mismo se puede decir de las instituciones jurídicas en Brasil, que hace mucho fueron alertadas sobre el riesgo de este tipo de acciones en las elecciones y demostraron incapacidad para reaccionar de la manera necesaria y adecuada.

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Escribió Raphael Fernandes Vieira / en IG @raphaelfvmg

Gráfica de Lucas Martínez / en IG @antlucasmar

 

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